Tú mismo

Está bien buscar el mejor restaurante, el más de moda. Dedicarle un tiempo a elegir los platos, el vino, el maridaje pero, siento decepcionarte: las cenas más memorables ocurrirán con algo improvisado, sentados en el suelo, el ingrediente principal serán las risas y esas no vienen en ningún menú.

Está bien planear un gran viaje a un lugar lejano pero, siento defraudarte, los viajes más memorables quizá sean a lugares insospechados, cercanos y nada glamurosos.

Está bien elegir el día y la hora, pero quizá sea el Sol quien decida aparecer y convertir una terraza cualquiera en el lugar perfecto.

Ya, me temo que ese momento sucederá y tú no lo habrás planeado, una pena.

Desde pequeño te enseñan que eres el cocinero de tus propios platos. ¡¡Paparruchas!! somos los comensales, nada más que los comensales.

El menú estaba fijado con antelación, y bien mirado, es mucho mejor, el trabajo y la responsabilidad de prepararlo ya no es tuya. Uf, qué alivio.

En todo caso, lo único que puedes decidir, es disfrutarlo. O no disfrutarlo. Tú mismo.

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