La hamaca

HamacaLR

Estaba de un humor de perros (pido perdón a los perros), refunfuñando yo solo y haciendo las cosas muy serio. Había rechazado una invitación para ir al cine porque, cuando estoy de mal humor, muerdo y, qué carajo, nadie tiene la culpa. Así que estaba de león enjaulado y de domador a la vez. Vaya mierda de noche.

Cené un trozo de exquisita tortilla de patata que me había sobrado de la comida. Está feo que yo diga que las tortillas me salen requetebien pero es que es verdad. Para terminar cojo un Bio con frutas del bosque. Según lo saco de la nevera le miro a los ojos, de hombre a hombre, y le asigno dos tareas. La primera completar nutricionalmente la cena y redondearla con un toque dulce. La segunda, mejorarme un poco el ánimo, es decir, endulzarme a mí también, al menos una pizca.

No responde pero yo creo que lo ha entendido. Para que vea que voy en serio le quito la tapa, la chupo convenientemente y cojo una cuchara pero, en vez de metérsela, se la apoyo encima cruzada. Rito, ya lo sé. ¿Manías? puede. Decido que la mesa de la cocina no tiene suficiente rango para el acontecimiento y salgo a la terraza.

Hace una noche estupenda, con una temperatura perfecta pero mi inestabilidad emocional no me permite disfrutarla como debiera. Cuelgo la hamaca, que ha estado encerrada en un cajón desde que me la trajo B. de su viaje a Brasil. La ato de un lado. La ato del otro. Me siento. Se estira, se estira hasta que acabo con el culo en el suelo. Error de cálculo en la resistencia a la elongación de las hamacas brasileñas y las cuerdas portantes.

Me levanto. Si bien considero que la responsabilidad es al menos en un 50% de la hamaca, evito culpabilizar con miradas despectivas o frases incisivas, es nueva en el barrio (inmigrante, además) y ella ha actuado según su naturaleza, aparentemente sin mala intención. Además no ha habido daños ni perjuicios para el usuario, es decir: yo. Acorto las dos cuerdas con sendos nudos. Mi voz interior me recuerda que el teorema de la hamaca asegura que la primera vez que se cuelga, uno necesariamente se cae, lo hace quitándole importancia al asunto. Pero yo, ajustados los nudos y con un culetazo en mi haber… esto ya no puede fallar. Cojo el Bio con la cuchara cruzada encima y me tumbo sin miedo. El nudo se deshace y yo ruedo por el suelo. La hamaca brasileña está llena de Bio de frutas del bosque, la cuchara se burla por el suelo haciendo clink clink. Y, de repente, rompo a carcajadas. Podía haber roto a llorar pero empiezo a reír.

Felicito al Bio, misión cumplida, y me acabo lo que ha quedado dentro, menos de la mitad. Limpio el suelo, la hamaca, mis brazos, echo a lavar la ropa. Aseguro con cuatro nudos cada extremo. Y me tumbo desnudo pensando que hace una noche realmente maravillosa.


¿Qué es a7manos? La imagen es de Jesús Herrero


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6 comentarios sobre “La hamaca

  1. ¿qué cosa hay más bella que… ese mismo hombre confíe en que un bio de frutas del bosque apacigüe su ánimo, y lo consiga?

  2. ¿Que cosa hay más bella, que el cuerpo de un hombre desnudo, tumbado en un hamaca, y cubierto de bio?

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