Gominolas

Mano morasNo he podido resistir la tentación de comerme un par de gominolas.

Exactamente 5.

5 es una cifra extraña para formar “un par“.

Estaban bastante duras, llevan ahí desde diciembre.

Eran gominolas del Género: Moras. Subespecie: Gordas. Color: rojo y negro.

Hay básicamente dos maneras de comerse las moras de gominola, a saber, una es masticarlas sin preámbulos ni compasión y dejar que esa explosión de sensaciones dulces inunde la boca. El chute de glucosa hace que un escalofrío te recorra la espina dorsal, algo así debía sentir Asteríx al beber la pócima.

La otra es chuperretearlas dentro de la boca hasta que se desprenden los granitos, dejando que se disuelvan estos sin morder. Y luego ir notando como se ablanda y mengua el cuerpo desnudo de la mora. Mengua en tamaño pero desde luego no en su capacidad de proporcionarnos placer. Aunque es un placer más alevoso, más premeditado, más libertino si cabe.

El primer método proporciona un éxtasis orgiástico intenso y desordenado, con aromas de pecado carnal, lo que se denomina comúnmente el aquitepilloaquitemato de las gominolas. Mientras que el segundo es un striptease sensual, adagio lento ma non troppo, y los dulzores se dosifican en un retropaladar largo y lleno de matices. Este segundo método es mucho más peligroso: provoca adicción.

Y recuerdo a Amanda, mi adorada Amanda.

No me preguntes por qué.

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