Mi cerebro

Comparto el cerebro conmigo mismo.

Esto me genera un montón de sinsabores Hoy me centraré en dos:

  1. Tengo la multitarea muy limitada. No puedo, por ejemplo, ver una película y hacer crucigramas al mismo tiempo. Comer pipas sí es compatible con ver una película pero no con silbar una alegre melodía. Aunque lo que más me fastidia es no poder estar dormido y despierto a la vez: me cundiría más el tiempo.
  2. Regañarme a mí mismo me hace entrar en cortocircuito. Porque tengo justificaciones para todos mis deslices. Y por muy inverosimiles que resulten las excusas, yo mismo me las creo. En estas circunstancias (compartición de cerebro conmigo mismo) regañarme es una estupidez.

Compartir el cerebro conmigo mismo también me proporciona algunas alegrías. Hoy me centraré en una:

  1. Cuando toco y canto a la vez, me acompaño fenomenal. El pianista sabe exactamente qué va a hacer el cantante y viceversa. Y se producen unas cotas de coordinación excepcionales. Por ejemplo jamás me ha pasado empezar un solo pisándome una estrofa. Me adivino las intenciones y el estado emocional con una precisión que me asusto de mi mismo. Siempre he echado de menos esta sintonía con otros acompañantes que se empeñan en subirse al escenario con un cerebro diferente al mío. Creo firmemente que el día en que un cuarteto pueda hacer un concierto con un solo cerebro la música va a mejorar mucho. Claro que para eso hay que resolver antes lo de la multitarea.

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1 comentario sobre “Mi cerebro

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