La canela

Hoy me he pasado.

Otra vez en Starbucks.

Se me ha ido la mano con la canela.

A mí me gusta la canela.

En el arroz con leche, en la leche merengada… y en el café.

Todos sabéis lo que pasa con la canela, a partir de cierta concentración, mezclada con café con leche se produce una reacción química que practicamente la solidifica. ¿Cómo estimar la dosis exacta antes de alcanzar el umbral de solidificación? Es muy difícil. Además en este establecimiento el vaso no es transparente y la película de nata montada (casí diría «edredón» en vez de película) que tienen encima estos cafés, que al echar, bien el azúcar o, en este caso la canela, se hace un agujero como un pozo sin fondo y no se puede medir cuánto ha caído. Tenía el vaso apoyado en el poyete y al ir a levantarlo pesaba como si estuviera lleno de perdigones. El segundo síntoma ha sido que al meter la pajita y dar un sorbo se ha atascado. «Houston, tenemos un problema»

Y aquí me han venido las dudas. Si me lo tomaba podía llegar a bloquearme el esófago y tener que ser atendido por el SAMUR. Y tirarlo… ¡era de los de cuatro euros con cincuenta! ¿Qué hacer?

Podía intentar desmontar la tapa del dispensador de canela y decirle al camarero que se me había caído de golpe. Pero van soldadas (supongo que para evitar vandalismos). No, no es buena solución. Y ya empezaba a arremolinarse la gente que quería servirse. Opto por retirarme discreto a un rincón donde meditar la maniobra. A la desesperada pongo el dedo en el agujerito de la tapa y agito vehementemente (anda, qué palabra tan linda vehementemente). Empeora. No sólo no consigo revertir la reacción sino que, al remover, se va consolidando toda la mezcla.

Lo típico sería montarle un número al camarero aprovechando que hay cuatro en la cola. Que qué vergüenza, que cómo pueden haberme puesto ese café, que me saquen el libro de reclamaciones… Pero no me va el escándalo. Así que me armo de dignidad, como de profesor de universidad, joven, pero que ha estudiado mucho, y me dirijo al mostrador. Miro a los ojos al camarero y sin levantar la voz le digo: «Este café (pausa dramática) se ha coagulado«. Lo digo con tal convicción que el camarero se ve sin fuerzas, no solo para llevarme la contraria, sino incluso para intentar averiguar qué narices he querido decir con eso de coagulado.

– ¿Quiere que se lo cambie?

Cambio de registro hacia cierta condescendencia sin perder el rigor.

– Anda, anda, dame un brownie de esos, que se me han quitado las ganas de café. No, de ésos no, de los grandes.

Obedece diligentemente y sin rechistar. Hago mutis por el foro. Muy rico el brownie.

9 comentarios sobre “La canela

  1. No es que no nos atrevamos, dos manos. Es que es demasiado fácil.
    Esto no puede ser sino de la mano que toca.
    … Y algún día hablaremos de vuestros estilos… y de tantas otras cosas!

  2. ¿seguro que es la mano que toca?, te miro…. Yo creo qu es la que escribe pero dudo. En cualquier caso, que aproveche el brownie, el del Star es estupendo, pero si es la mano que toca que nos enseñe el proximo ticket del peso, please

  3. Perdón. Con la emoción de verlo tan claro se me ha quedado el ratón atascado. No es afán de protagonismo, en serio.

  4. ¿Puedo optar todavía al premio?
    ¿sigue abierto el plazo?

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