Intimidades

El otoño es una estación estupenda. Tiene muchos cielos distintos y no le gusta ponerse el mismo dos días seguidos. Los árboles, envidiosos, también tiran del fondo de armario y hacen ostentación cromática. Al final, ¿para qué? ¿para acabar desnudándose?

El otoño es ciclotímico por naturaleza. Y eso, que en cresta es un lujo, en valle fastidia.

Hoy he salido a la terraza y me he embelesado mirando las flores. «Embelesado» es una palabra muy bonita. Casi tanto como mis flores. Aunque cuando la leo otra vez dudo si no quedará, la frase completa, un poco cursi. Yo, de adolescente, no miraba las flores. Ahora, en la postadolescencia, me encanta mirarlas. Lo próximo es el vino y el flamenco. A todo se aprende si se quiere aprender.

Mis conocimientos de botánica son escasos, así que me perdonaréis los nombres. O, mejor, me los corregís y así aprendo.


Estas margaritass on el objeto de deseo de los edificios que se asoman a mi terraza. Y lo son también de la vecina, que tiene unas parecidas y no consigue tanto fulgor. Pequeñas rivalidades de barrio.


Éstos me han dicho cómo se llaman pero no lo retengo. Sé que no son gladiolos. Tienen el primer premio terracil a la constancia. Llevan desde mayo aguantando, con su morado ambiguo y leve: hacen compañía con discrección.


Estas margaritas rebentonas son el colmo de la coquetería. Todo el verano agazapadas, esperando su oportunidad, y cuando la terraza decae y muchas de las otras languidecen, se ponen así de glamourosas. Viva la margarita cañí.


Muy probablemente esto son claveles chinos. Han tenido momentos mejores. Noviembre no es su mes, van desgarbándose a medida que llegan los fríos. Es el primer año que pongo claveles chinos. Pero he guardado las semillas para el que viene. Me voy a hacer fan de los claveles chinos. Además el naranja es el color del Feng Shui para la energía sexual (y el gas butano).


Ésta es la famosísima rosa de pitiminí. Otros años ha sido la estrella pero este está en horas bajas. Otro con menos escrúpulos habría vaciado la jardinera para poner caléndulas o pensamientos. Pero yo no, yo le voy a dar otra oportunidad a mis rosas de pitiminí. Me gustan estas flores temperamentales que de tan bonitas pinchan.

Desde que el padre Mundina fue sustituído por el maromo con coleta de bricomanía la cosa floral ha perdido mucho encanto. No sé, es como menos espiritual.

Ay, mis flores de otoño,
cuánta alegría dáis
para tan baratas.

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3 comentarios sobre “Intimidades

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