Un amigo gordito

Hablo por teléfono en la terraza de su casa. En mangas de camisa. Me trae una chaqueta porque ha visto que las lágrimas se me congelan.

Le cuento, me dice, me escucha, me entiende, me anima. ¡Hazlo!

Un abrazo de adiós, unos besos de ánimo. ¡Hazlo!

Lo veo triste al gordito, cansado y peleándose con sus contradicciones. He visto a poca gente tan feliz como él, tan disfrutona. Lo quiero. ¡Hazlo!

Comemos patatas y bebemos cocacola.

Comemos en un restaurante finolis y nos reímos de la factura. Las niñas bien. Son nuestras princesas. Ellas siempre están ahí.

Me cuenta su vida en el coche, le cuento la mía en la montaña rusa. Soñamos un camino común, pero no doy el paso para meterme en la senda. Demasiados frentes abiertos. Demasiadas piezas del puzzle por encajar aún. Un puzzle blanco, de 3.000 fichitas iguales y desiguales.

No estés triste gordito. Yo te quiero. Y te necesito. Y en Nochevieja nos abrazamos, y nos comimos las uvas y encendimos petardos y nos reímos de nosotros mismos sin mirarnos y sin hacer muecas. Es lo que tienen las parejas de verdad: se entienden sin hablar.

4 comentarios sobre “Un amigo gordito

  1. Veo que sigues adicto a la tristeza.
    ¡Qué feo está eso!

    Con la de gente que te queremos…

  2. Hacedlo o no, pero no estéis tristes.
    Lo que no hagáis ahora, ya lo haréis mañana, lo que más tenemos en la vida es tiempo, lo más importante ser feliz.
    Me lo han enseñado mis abuelos. Vosotros tuvisteis 4 y yo 676

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