El teléfono


-Perdona…
Mi cara de asombro. Demasiadas sorpresas para un fin de semana. Todas maravillosas.
-Coge esto…

Mi mano prefería no hacerlo, pero ella me forzó. Depositó un bollito de papel cuadriculado y se marchó. Lo deslié ante la mirada de la mano que toca, de B., de la otra B. y de R., intrigados todos por ese mensaje misterioso. Porque era un mensaje, aunque al principio pensé que me estaban dando droga y me acordé de mi madre y ‘niño no cojas nada de gente que no conozcas y ten cuidado con el hombre de los caramelos’. Las madres siempre defiende la virginidad de sus hijas y la virilidad de sus hijos.

Lo leí en voz alta. «Me encanta tu mirada. Es preciosa». Lo escribo de memoria. La otra mano ha quedado encargada de escanearlo y adherirlo a este comentario. El comentario del retorno. Que lo sepáis.

Lo guardé. Lo volví a sacar. Por la otra cara de ese papel arrugado había una frase parecida. Y por ambas, cosa en la que no reparé al principio, un número de teléfono y un nombre.
Es emocionante que a uno se lo traten de levantar por la calle así. Ella no era guapa. Era más bien fea, pero quizá era una tipa encantadora. Y tuvo la valentía de cogerme del brazo y darme un mensaje. Pensar en una vida con ella era absurdo, pero uno se siente con el ego reconfortado. Se acerca a los 40 y estas cosas gustan. Y a los 15, y a los 23, y…

¡Marcos! ¡El nombre que ponía era Marcos! No, no llamé.

Nota de la mano que toca: Doy fe de que así sucedió. Arriba está la prueba. Hemos difuminado el número de teléfono para salvaguardar la intimidad de Marcos, a quien le gustó la mirada «precisa» de la mano que escribe (que escribe poco, todo sea dicho). Sabemos de Marcos que no es Filólogo, porque la mitad de las tildes que puso, las puso mal.

1 comentario sobre “El teléfono

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