El rodaballo

Paso por la pescadería.

-¿Quién da la vez?

Me contesta una señora muy morena, bajita y con los ojos rasgados que lleva en el carrito un niño muy rubio.

Delante de ella físicamente, en la vida y en la pescadería, hay otra mujer que no cumplirá los 60 y que no levanta la vista del rodaballo mientras habla con el pescadero.
Salmonetes.
-¿Cuántos? -dice él.
-Medio kilo. Como vivo sola…
-¿Algo más?
-Dos gallos.
-¿Éstos?
-No, algo más pequeños, son para mí. De ración. Como vivo sola…
-¿Les quito la cabeza?
-Sí.
-¿Alguna cosita más?
Merluza. Media.
-¿En rodajas?
-Me la preparo a la romana. Tendré para tres días. Como vivo sola…

La señora no mira a ninguno de los demás que estamos esperando. Sólo mira al rodaballo. Tampoco mira al dependiente. Excepto en el momento de poner la mercancía en el peso, por una suerte de reflejo fiscalizador y antiguo. Autodefensa.

Intercambia la información justa con el hombre que la sirve mientras mantiene una conversación mucho más profunda con ella misma. El pescadero no debe oírla siquiera. Ha desarrollado ese reflejo para sobrevivir, igual que los barman.

Me fijo y antes de coger el último paquete vuelve a decir que vive sola.

Intento adivinar en su rostro si la letanía era un grito o un poema. O un poema-grito. O un grito-poema.

Pienso por un momento que vivimos en un mundo raro. ¿Por qué se llevará esa señora tanto pescado? ¿Miedo al colesterol? ¿Un congelador grande? ¿Reservas por si definitivamente nieva en Madrid? ¿O quiere estar preparada por si aparece un invitado de repente?

Vivimos en un mundo raro, donde el que tiene más probabilidades de interesarse, aplaudir o darle un beso, de todos los que estamos en Caprabo esta mañana, es el rodaballo.

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2 comentarios sobre “El rodaballo

  1. Eso sucede porque el «póngame cuarto y mitad» está en desuso. No hubiera necesitado el «como vivo sola».

    Si una llega a la pescadería y pide cuarto y mitad, te miran cabeceando y con pena, pobre, está sola.

    Aunque a mi me divierte más comprar unidades. 18 salchichas. 24 plátanos, 14 naranjas de mesa…

  2. eres un monstruo, rivilla. un auténtico monstruo.
    no, no es que me haya escaqueado de mis deberes, es que, visitando el blog de «las visitas de los blogbones» y esas cosas, me he metido a leer un par de articulillos. qué bueno eres, tío. y enhorabuena por devolverle la vida a kika. eso sí, menos mal que es a la tortuga y no a la peli de almodóvar, que era muy floja.
    pues eso, lo dicho.
    besitos

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